Entonces, sin mayor demora, viajó al Reino Celestial exactamente al Cielo de las Lágrimas. Ahí preguntó a los eruditos, a los peces voladores e incluso al viento si alguien sabía dónde podría encontrar su sombra. Pero nadie sabía y, cada vez que negaban con la cabeza, rompían a llorar de pura frustración.

1 comentario:

Allegra dijo...

que lindo trabajo ¡